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viernes, 4 de julio de 2008

El camino sigue y sigue (Parte 4)

- Una vez hubo despegado el avión (aquí ya pude mirar por las ventanillas y todo), retomamos nuestra querida y añorada etapa hobbit. ¡Qué bien! ¡Comida rica por todas partes y a todas horas! Zumos, vinos, platos combinados de pasta, carne, frutas... Me siento Paco Martinez Soria en "La ciudad no es para mí", ja ja.
Por cierto, nos tocaron unas azafatas la mar de simpáticas. Que atentas y que de todo.

Las vistas son maravillosas. ¿Quién me habría dicho a mí que me iba a ir a China algún día? Sobrevolamos ¿la estepa rusa? La verdad es que no tengo idea. Pero vimos unos paisajes sobrecogedores. Daba la impresión de que el hombre no lo hubiese destrozado con su paso. Tan puro y limpio se ve todo desde el cielo...

Anécdotas curiosas como las de nuestro compañero de viaje: el chino del moco. Con qué ansia hurgaba en sus cuevas en busca del tesoro escondido. Ahí dale que te pego, sin descanso. Tanto nos cautivó que Betty tuvo la maravillosa idea de hacerle una foto con la excusa típica de "Diego, posa para mí, que te hago una foto." (En realidad no habría hecho falta decir nada... ¡Qué nadie nos entiende ya!)

Más tarde, el mismo señor, una vez hubo terminado su jornada laboral, se internó en la despensa del avión en busca de su tan merecida recompensa. Las azafatas le pidieron amáblemente que se sentara, que ellas le llebavan lo que él quisiera. Pero el tío ni caso. Ahí rebuscando entre los cajones y armarios. Al final le llamaron la atención, teniendo que subir el tono, nuestras queridas azafatas.

Gracias a la comida, a las chorradas que contábamos Betty y yo y las películas (que no les hacíamos demasiado caso. "Cars" en inglés y con subtítulos en chino. ¡Venga ya!) el viaje se pasó "volando" (perdón por el chiste malo).

Después de unas 11 horas, más o menos, por fín vislumbramos una estampa impresionante, con sus enormes edificios, abarrotados, cuadriculados, terroríficos... Shanghai.

Hemos llegado.

Continuará...

domingo, 3 de febrero de 2008

El camino sigue y sigue (Parte 3)

Día 3 de Diciembre
- Al llegar a Ámsterdam, nos dieron unos bonitos neceseres para pasar la noche en el hotel (sí, hotel y todo, ¡yeah!) y fuera, un taxi nos esperaba para ir junto a un señor chino (hombre de negocios molón) y una chica, en la cual me estuve fijando en Madrid (no por nada perverter, que os veo venir).
El hombre, se le veía muy majete, ya que me preguntó por mi viaje y tal. Le conté el tema y me dijo que Shanghai era muy impresionante y que me iba a encantar. Por lo visto él estuvo la semana pasada. Es lo que tienen esta gente. Se mueven por el mundo como quien va de Zaragoza a Huesca los fines de semana.
Betty, mientras, estuvo hablando con la chica de... vete a saber qué (cosas de chicas, seguro... ja ja ja, es broma, no te me enfades Beatriz).

Llegamos al Ibis. Madre mía. Que bien. Después de todo el cansancio y los nervios, una cama enorme me vino como un milagro. Dormí de bien... buenooo, qué colchón, qué almohada... Si es que parece que me absorvia en su interior y me acunaba cual madre amorosa y protectora.


Al día siguiente me despertó un mensaje de David a las tantas de la madrugada. Por fín había contacto con él. Le envié un mensaje diciéndole que ibamos a llegar con un día de retraso.
Cuando volví a despertarme, ya casi era la hora del fin del turno de desayuno. Así que bajamos a toda prisa y volvimos arriba. Mientras Betty se aseaba yo comenzé a dibujar anécdotas del viaje en la camita felizmente y, como por lo visto el agua no iba, me quedo sin ducha.


Bajamos de nuevo a comer (¡pero qué gordacos! ¡Momento hobbit!) y nos volvemos a la habitación. Es una pena que tengamos tan poco tiempo y estemos tan lejos de la ciudad, porque nos habría encantado visitar un poquito Ámsterdam.

El día está nublado. Ha llovido y los cristales están perlados por la llovizna.


Por fín, nos ponemos en marcha y vamos en autobús hasta el aeropuerto donde saldremos en breves instantes...

Continuará...

martes, 22 de enero de 2008

El camino sigue y sigue (Parte 2)

El dibujito que le hizo Antonio a Bea al despedirnos.

- Acongojados por la noticia nos dispusimos a tomárnoslo con calma... pero todos los pasajeros se abalanzaron como locos al mostrador a gritar a los pobres azafatos y azafatas y a decirles que eran unos ladrones y que les iban a denunciar y a cortarles lo que les cuelga (quizás exagero un poco).
Comenzaron a repartir hojas de reclamación y yo, la verdad, es que pasaba un poco. A mí solo me preocupaba la idea de que el avión pudiera caerse a mitad de vuelo por culpa de un tornillo que no encajaba (he de decir que la serie "Perdidos" estaba de moda por esta época, por lo tanto la identificación con ellos era inevitable).
Los minutos pasaron... las horas también. Avisamos a familiares de lo ocurrido y nos fuimos a comer con los vales que nos dió la compañía.

En la cafetería, una amable camarera nos atendió con buen gusto y con cariño. Ahora veamos como cambia la cosa si transformamos las palabras "buen gusto" por "una cara de acelga", y "cariño" por "una mala ostia que te cagas".
Encima de lo que nos estaba pasando que la camarera se enfadase por tener que servirnos ya es la repanocha.
Retrato de Betty, indignada, mientras
comíamos en la cafetería (la verdad, es
que la imágen está edulcorada).

Después de comer, volvimos a nuestros puestos de combate donde aproveché para cargar el movil en una columna de la sala, pasear por los alrededores curioseando por el Dutifrí ese y viendo como la gente seguía martirizando a los pobres azafaiffols.

Pasó el tiempo y, ¡oh, my God!, el avión con la pieza que venía desde Ámsterdam llegó al aeropuerto y todos los pasajeros gritaron de júbilo y cantaron alabanzas con jolgorio y animosidad... hasta que... ¡nos dijeron que la pieza que habían traido no encajaba tampoco y el avioncito de rescate tenía que volver a Ámsterdam a por otra pieza! ¡Ja ja ja! ¡Qué risa, tía Felisa!
Imaginad la reacción del público.

Los técnicos reparando el avión y diciéndose entre ellos:
- "¡Coño, si nos han dao un donus en vez de la tuerca!"
- Nah, tú ponlo así tapao que no se nota..."

Otra vez espera y espera. Aunque esta vez comenzaron a embarcar a pasajeros en otros vuelos con destinos compatibles, siguiendo un método de selección (familias, personas mayores, etc. etc., primero...).
Seguimos a la espera.

Más espera...

Horas y horas...

Entonces un joven se acercó a preguntar a una azafata que qué pasaba con los viajeros a Pekín:
- Sí señor, vaya con mi compañero. Le asignará un vuelo enseguida.
Por lo que nosotros dijimos:
- ¿Y los que vamos a Shanghai?
A lo que la azafata nos contestó:
- ¿Van a Shanghai? Bien, embarcarán en el próximo vuelo a Ámsterdam.

No tuve palabras para aquello... bueno, ¡qué narices! ¡Se las dije! ¿Cómo pueden ser tan poco profesionales como para no preguntar a la gente a qué destinos van para asignarles vuelos o no? O sea, que si no decimos nada ¿no quedamos en tierra?

Por fín embarcamos alrededor de las doce de la noche, dispuestos a volar a nuestro destino de paso. Yo ya no pensaba en el miedo a volar. Simplemente me senté, me dormí hasta que trajeron la cena y volví dormir...

Continuará...

viernes, 18 de enero de 2008

Comienza el viaje

- Esta es la primera entrada en la que hablaré del viaje.
Ya está bien de promociones y de hablar de mi libro (no dudéis que volveré a hacerlo cuando sea oportuno). Hoy, todos subís al avión conmigo. Veréis las cosas que yo ví y viviréis las experiencias que viví yo los días del 2 al 10 de Diciembre del 2.006... más o menos.

El Viernes 1 llegué a Madrid desde Zaragoza. Pasé la noche en casa de mi amiga Mandy (mi muy mejor amiga Mandy). Estuvimos cenando junto a nuestros chicos, Ana y Pedro, tranquilamente. Ya había comenzado el viaje en realidad, pues era el puente de la Constitución y me comí un atasco impresionante (ahí, toma de contacto para ir practicando lo que es estar en un espacio cerrado durante mucho tiempo).
Al día siguiente, Ana y yo nos reunimos con Beatriz (mi compi de viaje, ¡yuju!) y Antonio, su boifrenz.
Después de estar tomando algo, despedidas y demás cositas emotivas, nos metemos ya a zona protegida donde comenzará la pesadilla.

Todo marchaba bien. Nos pusimos a mirar tiendecitas y después nos sentamos a esperar a que nos llamasen para embarcar al vuelo hacia Amsterdam (escala antes de ir a Shanghai).
Se hizo la hora y yo estaba nerviosísimo. Era mi primer viaje en avión. Tenía curiosidad, pero también he de reconocer que cierto miedo a lo desconocido, cuando los minutos pasaron y ahí nadie avisaba.

De repente anuncian un retraso de 1 hora. Acto seguido oigo a un hombre que ha ido a preguntar que el retraso sería hasta las 5 de la tarde y, cuando ya estábamos a punto de mordernos las uñas, anuncian por megafonía que estaremos esperando indefinidamente debido a que el avión tiene una pieza que no es la correcta...

Continuará...
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